Medellín, 14 de enero de 2019
Esta vez no me quedaré callada, y escribo a esta hora con el
ánimo de que me lean quienes no tienen esperanza, quienes no creen en Dios,
quienes no creen en el poder de la fe, el amor y la ley de la atracción. Estoy
escribiendo parecido a Rhonda Byrne, pero es porque en verdad he constatado con
hechos, desde mi nacimiento hasta hoy el poder de creer en un Dios de amor.
Como dice la Biblia (no recuerdo en donde y aquí no voy a
utilizar normas APA) ¿Qué padre no da a su hijo aquello que necesita y se
merece? Pues si un padre terrenal lo da, cómo no lo va a dar el Padre que está
en los cielos. Y así es.
Tengo 29 años y voy a hacer una cronología de las
bendiciones que he recibido de mi Dios, aquel que conozco como amoroso,
misericordioso y proveedor. Espero ser breve, pero no garantizo nada y lo hago
para dar testimonio a aquellos que están buscando algo diferente en sus vidas y
no saben cómo empezar. Pues lo primero que les recomiendo es que empiecen por
tener, luego que se amen mucho a sí mismos y crean en ustedes y finalmente,
pidan todos los días a Dios para que aumenten su fe.
De esta manera he sido criada. Cuenta la leyenda que cuando
era bebé me ahogaba al llorar, era miedosa y tímida. Ahora busco todos los días
la mejor versión de mí, hay quienes dirán que no soy nada buena persona, pero
les digo que estoy en proceso; y es en este proceso en el que he encontrado a
un Dios que siempre me escucha y me ayuda.
En la adolescencia, más o menos a los 13 años, en un momento
de oración con Dios (Esa es otra buena recomendación, hablar con él) le pedí a
Dios un par de milagros: el primero era sanarme de un problema que tenía en los
ojos y que no me permitía ver con claridad, el segundo sanarme de
hipotiroidismo.
Ocurrió que años después, luego de mucho tiempo de oración
con fe, mi papá me regaló la cirugía para poder ver a la perfección y ya llevo
más de 10 años operada viendo súper bien. Además, por cosas de la naturaleza,
pues la Tiroides no volvió a molestar hace más de 6 años. Ahí empieza para mí,
según lo que recuerdo una cadena de bendiciones que Dios me ha brindado.
Para continuar, en la misma época de la adolescencia, mi mamá
deseaba comprar una casa, pero tenía una deuda con su padre (mi abuelo o “papito”).
Mi mamá estaba angustiada, triste y deseosa de tener esa casa y yo, pues estaba
ayudándola con los oficios de la casa. Encendí la grabadora para escuchar
música mientras lo hacía y escuché un programa de un pastor evangélico, que
casi no me gustaba escucharlo porque gritaba mucho y me parecía exagerado; sin
embargo, me cautivó el tema y lo que estaba diciendo, él hablaba de Dios
proveedor o Jehová-Jireh, que significa “El señor que provee”. Entonces yo me
sentí movida en mi espíritu y me puse a orar y le dije a mi mamá lo que había
escuchado, pidiéndole que tuviera fe. Lloramos, nos calmamos y ella fue a
visitar a su padre. Cuando ya estaba donde él, me llamó llorando y me dijo: Mi
papá me perdonó la deuda. Yo lloré de agradecimiento, porque había visto el
milagro vivo en sólo un par de horas.
Mi mamá compró la casa que deseaba, vivimos en ella, la
organizamos y la remodelamos. Sin embargo, la obra de remodelación tuvo un
problema y en un aguacero un 25 de diciembre (si mal no recuerdo) se nos entró
el agua por todas partes y la remodelación se dañó, llovía más adentro que
afuera y mi mamá gritaba de desesperación. Mi abuelo- el papito- estaba con
nosotras, aún no había fallecido y veía un programa en televisión. Al ver a mi
mamá en ese estado, se levantó y alzó la voz para decirle que se calmará que
Dios estaba ahí y que no se desesperará (No fueron sus palabras exactas, pero
fue algo similar). Después de la inversión que mi mamá le hizo a la casa, la
economía no estaba muy bien y mi mamá tomó la decisión de vender esa casa tan
anhelada porque no tenía cómo hacerle más modificaciones.
En pocos días encontró otra casa, ella se enamoró de
inmediato, pero no le alcanzaba el dinero que tenía para comprarla, le faltaban
10 millones de pesos dado que la casa de la inundación la vendió en un valor
menor. Nos sentamos en el comedor, hablamos de ese deseo y del dolor de ver
cómo el dinero invertido se había perdido. Lloramos y oramos. Al rato, mi mamá
iba a salir a saludar a su padre y bajando las escalas vio un sobre del banco
en el que ella ahorraba. Nos llamó diciendo: “Muchachas vengan a ver esto, yo
no lo he leído, no sé qué es pero quiero que lo leamos juntas”. Mi mamá tenía
la “piel de gallina”, abrimos el sobre, y leímos en voz alta lo que decía. El
banco le había aprobado a mi mamá un crédito por 10 millones de pesos. No lo
podíamos creer, era un milagro al instante. Fue así como mi mamá compró la casa
en la que estamos ahora.
Hoy, 12 años después mi mamá y nosotras quisimos trascender,
cambiar y tener nuevos aires. Veníamos pidiendo por esto hace un tiempo. Sin
embargo, sin querer queriendo tanto ella como yo ofrecimos a la novena al Niño Dios
la venta de la casa (Entre otras cositas que pedí y se me han ido dando,
gracias a Dios). Pasó la novena, llegó el 24 de diciembre y yo no perdía
esperanzas. El 27 de diciembre mi mamá acompañó a mi hermana a una diligencia
en un sector de Medellín muy bien cotizado. Ese día, mi hermana llevó a mi mamá
a recorrer ese barrio, mostrándole las ventajas, las casas hermosas, la tranquilidad,
la seguridad y la accesibilidad para todo. En ese momento, vieron una casa a la
venta; llamaron al teléfono que decía el letrero y el señor le dijo que estaba
cerca que se tomaran un café y que lo esperaran. Mientras mi mamá y mi hermana
se tomaban el café, vieron otro letrero de un apartamento a la venta. Mi madre
anotó el número telefónico llamó y le dijeron que el trabajador se encontraba
ahí, que podían pasar a conocerlo inmediatamente. En cuanto entraron, vieron la
maravilla de lugar. Un apartamento como mi mamá lo soñaba, como todas lo
soñábamos. El precio era accesible y era definitivamente encantador. Al
contarme sobre el lugar yo me emocioné y le puse una velita al Señor de las
Misericordias para que él nos guardara ese apartamento para nosotras.
A pesar de esto, mi mamá no tomó la decisión de vender la
casa inmediatamente. Pero, fue el sábado 5 de enero cuando un leve aguacero (el
primero del año) cayó sobre Medellín y se nos filtró el agua por algunas partes
de la casa (ven la similitud). Mi mamá desesperó porque hacía un mes había
pagado una alta suma de dinero para arreglar esos problemas que volvían a
aparecer. Al día siguiente volvió a llover y efectivamente el agua volvió a entrar.
Al otro día, lunes 7 de enero, mi mamá despertó muy triste, sin esperanzas y yo
pues le di la idea de poner un letrero de venta. Pusimos entre las dos el
letrero y yo encendí mi velita. Mi hermana mientras tanto revisó en internet si
el apartamento seguía a la venta y ya lo habían subido 25 millones más del
precio que tenía.
Del lunes al jueves recibimos algunas llamadas de personas
interesadas, un par anunciaron visita para conocerlo pero nunca llegaron. Sin
embargo, un mensaje le entró a mi hermana, era una amiga de ella que quería ver
nuestra casa y deseaba verla esa misma noche. Nos pusimos cita a las 7 p.m.,
vio las humedades, sabía en qué lugar estaba comprando y preguntó cuánto necesitábamos
para quitar el letrero de SE VENDE. Nosotras nos reímos. Al otro día en la
mañana, ella llamó a mi hermana, quería volver a ver la casa, esta vez vino en
la mañana y con papeles en mano. Hizo una contraoferta, le dijimos que lo
pensaríamos. Ella se fue. Nos sentamos a hablar mi mamá, mi hermana y yo, a la
contraoferta de ella le pusimos un valor más alto, la llamamos y aceptó nuestra
segunda oferta sin pensarlo. En cuestión de horas, nos depositó un dinero para
quitar el letrero, confió en nuestra palabra como tanto mi abuelo confiaba en
la palabra y daba su palabra sin faltar nunca a ella.
Esa tarde, a mi mamá le picó el bicho de ir a ver el
apartamento de sus sueños, era viernes y cuando llegamos la persona que lo
mostraba se encontraba de vacaciones, había salido al medio día de labores y no
volvía hasta hoy lunes 14 de diciembre. Fue un fin de semana lleno de ansiedad,
pero por fin llegó el día de llamar. Mi mamá se despertó y llamó a la vendedora
de ese hermoso apartamento, a partir de ahí suceden una cadena de bendiciones
que narraré en viñetas:
- La constructora es una empresa familiar, al momento que llegamos estaban todos, los padres y sus hijos, recibiendonos.
- Nos hicieron un descuento del valor del apartamento igual al descuento que nosotros ofrecimos en la venta de nuestra casa. Es decir, no perdimos nada.
- Para quitar el letrero de la venta nos pidieron exactamente el mismo monto de dinero que teníamos por haber quitado el nuestro.
- Nos brindaron la oportunidad de negociar el modo de pago.
- Los vendedores de ese apartamento son conocidos de toda la vida de la persona que nos comprara nuestra casa.
- Después de consultar con algunos conocidos, nos enteramos que el constructor es excelente y que en ese edificio tenían familiares que habían invertido.
- Y, efectivamente quitaron el letrero como lo prometieron.
Todo esto nos llenó de tranquilidad y de fe. Dios siempre
nos ha escuchado, cada súplica que tenemos en mi familia él nos entiende y nos
ofrece la mejor solución. Aquí estoy hablando sólo de vivienda, pero Dios me ha
quitado de en medio personas que atentaban contra mi integridad y aún estando
cerca jamás los veo, nos ha guardado de actos violentos en nuestra contra, nos
ha librado de enfermedades, me dio un trabajo que fue una bendición por seis
años de mi vida, me dio una beca para estudiar la maestría de mis sueños, me
ofreció el primer trabajo como profesora a través de una amiga y nos ha llenado
de abundancia. Por eso los invito a creer en Dios, en el que hay en su
interior, a amarse, tener fe y creer. Es como lanzarse en tirolina. Es algo
genial, se siente miedo cuando te ponen el arnés, se siente miedo cuando
amarran la polea a una cuerda, se siente miedo cuando ves al frente tuyo un cañón
gigante sobre el cual pasarás amarrada de unos cables; pero, una vez en el aire
la libertad y la fascinación por el paisaje es única. Así es creer en Dios. Yo
creo en él y escribo para dar testimonio de su poder y amor. Luego escribiré en
detalle sobre las otras bendiciones, por ahora esta es la que llena mi alma de
enorme felicidad, a lo Will Smith en “En búsqueda de la Felicidad”: este
pequeño momento de la vida se llama FELICIDAD.
