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martes, 2 de noviembre de 2010

GENTE MENDIGA DENTRO DE VAGONES DEL METRO

     El domingo 31 de Octubre me dirigía hacia Envigado en el Metro con mi mamá y mi hermana. En la estación Exposiciones o Industriales, no recuerdo bien, se montó al vagón un hombre más o menos de 40 años con unas “heridas” en la pierna, alguien le cedió el puesto y fue toda una dificultad sentarlo; pues se quejaba de dolor y decía que no podía apoyar la pierna.
      Todas las miradas se dirigieron hacia él; empezaron las preguntas ¿Qué le paso? Piso una mina en las partidas para Fredonia yendo para Zancudo, cuando cortaba un pasto; en ese momento mientras aclaraba dónde fue exactamente el lugar de la explosión en un acto totalmente asqueroso y muy similar a lo que ocurre constantemente junto a las iglesias del centro, se sube la camisa y muestra una enorme sutura de un color rojizo en el vientre.
      Yo no me atrevía a mirar, sentí rabia porque creí que estaba causando terror y lastima en las personas que viajábamos en ese momento; entonces dirigí la mirada hacía abajo y me di cuenta que no tenía amputaciones y que las cicatrices se veían muy bien “dibujadas”; mi mamá que es un poco satírica dijo en forma de chanza: “Eh! Que disfraz más bueno” por ser la fecha de los disfraces, yo me reí y mi hermana que estaba a nuestro lado se voltió porque le dio rabia del comentario tan frívolo que habíamos hecho.
       Después de un rato de escuchar la historia de ese hombre decidí correrme porque ya estaba muy molesta; sin embargo él hablaba demasiado duro parecía necesitar atención.
     Escuchando atentamente empiezo a notar incoherencias; la primera fue que dijo que el impacto había sido con la mina más potente, a lo cuál me pregunte ¿por qué no tenía amputaciones?; segundo, si estaba tan impedido para movilizarse por qué toma el transporte masivo más congestionado e incómodo que hay en Medellín, ¿cómo hizo para subir y cómo haría para bajar tantas escaleras?, si había tenido tantos problemas para sentarse. Tercero, le preguntaron para dónde se dirigía, él dijo: “para Agua, Agua…” y todos le continuaron “Aguacatala”, y el dijo- “eso para Aguacatala”; finalemente se bajo en Ayurá; antes de bajarse estuvo un buen rato parado al lado de la puerta sin aquejar ningún dolor, muy derecho y contando la misma historia a una mujer, en ese momento uno de los que ya había escuchado la historia le pregunto si llevaba la historia clínica, él titubeo y luego afirmó; el otro pasajero le dijo que le sacará copia y lo llevara a la personería para reclamar ayuda del gobierno; pues según nuestro personaje después de cuatro meses hospitalizado y uno de ellos inconsciente, nunca había recibido ninguna ayuda del gobierno.
    Para ir finalizando, todo me parecía muy sospechoso la pierna sin amputar, las cicatrices con esa sangre tan rojita, que parecía pintada; su rostro sin ninguna cicatriz y esa cortada en el vientre.
     Comentando esto con las personas que se encontraban en nuestro lugar de destino en Envigado, mi mamá dijo algo que yo no note, por la rabia que sentía de escuchar una historia al estilo Parque Berrio dentro de una estación del metro; el señor aquel recogió por lo menos cincuenta mil pesos colombianos ($50.000), de manos de aquellas personas que escuchaban atentos su historia y daban donaciones que no bajaban de cinco mil ($5.000). Yo sentía la necesidad de llamar a un bachiller en cada estación que paraba el metro, que le hiciera compañía al señor y le ayudara a bajar y salir de la estación y no sé porque no lo hice, tal vez habría dañado la farsa que tenía este hombre, que contaba acelerado su historia mientras el tren iba entre estaciones, nunca hablo en plataforma. ¿Qué tal?



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