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miércoles, 21 de marzo de 2012

AYER VEÍAMOS, HOY NO VEMOS...¿MAÑANA VEREMOS? (2007)

Este ensayo está basado en el libro Ensayo sobre la Ceguera (1995) del escritor portugués José Saramago, quien con este texto pretendía de una manera escéptica pero solidaria, reflexionar sobre el nuevo milenarismo que la humanidad está viviendo, desde la época; y cuestionarse a cerca de la posibilidad de que exista una esperanza de cambio.

Si un experto analizara la sociedad colombiana, diría que el problema de la ceguera de algunos colombianos es mucho más complicado de lo que se pensara; pues ésta, además de contraerse por el contacto con los contagiados, es una ceguera mental, moral y espiritual, causada por factores como la intolerancia, la desesperanza, el conformismo, la desconfianza, la indiferencia, el irrespeto y la impaciencia.

Este tipo de ceguera recibiría patológicamente el nombre de Agnosis; según Saramago esta enfermedad: “se limita a cubrir la apariencia de los seres humanos y las cosas; es decir, crea la incapacidad de reconocer lo que se ve”. (1995:24).

Para la ciencia, esta enfermedad no se puede tratar, lo que se alcanza a descubrir es que sólo ciertas personas podrán guiar a aquellos que queden ciegos. Las personas que lo logren serán aquellas que como bien expresa Saramago metafóricamente, separen sus sentidos de la razón, los sentimientos y el espíritu: “Sólo había una mujer que no tenía los ojos tapados porque los llevaba arrancados en una bandeja de plata”. Esos seres humanos no podrán ser indiferentes, pues serán los que guíen la reorganización de una sociedad destruida por aquellos factores que ocasionaron la ceguera.

Según un fragmento del libro hay un punto de la ceguera donde el contagiado puede elegir entre quedarse ciego o no. El hecho es que muchos deciden quedarse así; dado que el mundo que se les plantea parece ideal y más agradable que el que habitan. Lo que ellos nos saben es que el ojo ve lo que quiere ver y el cerebro interpreta lo que el ojo ve; es decir, ojos que no ven corazón que no siente y mente que no piensa: el dolor, el sufrimiento, la muerte en vida de millones de personas secuestradas, desaparecidas, desplazadas, hambrientas, reclutadas para un ejército que deja morir a sus soldados y encerradas en un manicomio que huele a mierda y que no satisface las necesidades básicas de la población.

Por otro lado, es necesario rescatar que la ceguera de la población es mortal; por tanto, si los ojos son el santuario del alma y estos se apagan, el alma volará para buscar otro santuario. Resumiendo, si el cuerpo exhala su espíritu, nada vivirá en él y morirá en vida.

En el caso de Colombia, no todas las personas se han quedado ciegas, para entenderlo mejor es necesario dividir la población en pequeñas partes que nacen de una sola Sociedad; entre quienes sus síntomas y diagnósticos son diferentes.

En el libro Saramago muestra la primera sociedad con la metáfora de los ciegos que se apoderaron de los alimentos de los demás en el manicomio. Esa sociedad es Insensible, aquella que ante la situación de dolor, sólo le importa su beneficio personal; un ejemplo de esta sociedad lo componen los burócratas y aquellos que han colmado sus necesidades a costa de la negación de los derechos de la colectividad. Pero, se les presenta a los Insensibles una problemática; pues ellos, al ser ciegos también, no administran adecuadamente las necesidades básicas de la población. Y eso mismo pasa en nuestra reconocida Contemporaneidad, pues existen gobiernos que no saben repartir de un modo equilibrado las riquezas del país; “precisamente una persona que viera podría repartir los alimentos (…) hacerlo con equidad, con criterio”, expresa el escritor. A esta sociedad Insensible, también corresponden los insurgentes del país, llámese Guerrilla, Paramilitares, BACRIM; pues no tienen idea del trato que se le debe dar a una persona y muy seguro, tampoco saben del Derecho Internacional Humanitario. Lo comunicadores y periodistas sensacionalistas, también hacen parte de esta Torta, dado que en vez de incentivar cambios sociales, sacan provecho de las imágenes más deprimentes y repugnantes, para generar sentimientos de rencor y odio en la población. Acaso no saben el daño que ocasionan, el ojo al igual que la cámara fotográfica, capta imágenes y las almacena en el cerebro como un gran archivador; provocando en aquellos ciegos el deseo de no volver a ver lo que alguna vez lo marco; según el escritor: “porque los sentimientos con que hemos vivido y que nos hicieron vivir como éramos (ciegos), nacieron de los ojos que teníamos, sin ojos serán diferentes los sentimientos, nos sabemos cómo, no sabemos cuáles”.

Infortunadamente, el Ser Humano es un animal de costumbres que se ha ido adaptando a esa pestilente vida en ceguera, todo aquel que quede ciego y no tenga criterio, hará lo mismo que todos estos ciegos intolerantes de la obra de Saramago, indiferentes, irrespetuosos y desesperados por el hambre, el miedo y la lujuria; pues seguramente, ellos pensarán y actuarán según la siguiente frase: “A donde fueres has lo que vieres” y esto lo retoma el escritor en el libro: “una persona se acostumbra a todo especialmente si ha dejado de ser persona” (1995:178). Por esta razón existe la sociedad Indiferente, que poco le importan los procesos de aculturación y transculturación que la globalización ha traído consigo y que han provocado una pérdida de cultura y de identidad en Colombia.

Es claro que, no todos los colombianos son Insensibles e Indiferentes; existen colombianos que han luchado por recuperar la paz; organizaciones no gubernamentales que han servido de apoyo para la sociedad ciega y que incentivan la esperanza. Por su labor “quedará para la historia la belleza de su gesto” (1995:102). Gracias por la colaboración con aquellas personas que vivieron en un no lugar, los desplazados.

Aparte de los factores mentales y morales que provocan la ceguera total de una sociedad, se encuentra la posibilidad de contraer la ceguera por la falta o la pérdida de la organización política, cultura, la religión y la historia o identidad de esa sociedad.

Siguiendo en esa ruta, es posible imaginarse a una Colombia sin organización, sin normas, sin cultura; como dice Saramago: sería “una colmena sólo poblada de zánganos, bichos zumbadores, que como saben, son pocos dados al orden y al método, no hay registro de que alguna vez hayan hecho algo por la vida o de que se hayan preocupado mínimamente por el futuro” (1995:67).

En la sociedad ciega “habrá un gobierno (…) no lo creo, en caso de que lo haya será un gobierno de ciegos gobernando a ciegos, es decir, la nada pretendiendo organizar la nada” (1995:200).

¿Qué tal un paseo para analizar a una Colombia sin organización política? Se puede iniciar por imaginar que no existe la Carta Constitucional con todas sus reformas; luego imaginar que aunque exista, no se cumple nada de lo que allí está escrito. Además, el gobierno no satisface las necesidades básicas de la población, no respeta sus derechos y no hace cumplir sus deberes. Tampoco se delegan las funciones estatales y todo el poder está centralizado. ¿Qué alcanzaste a visualizar? ¿Acaso un caos? Es muy posible, pues más que un Presidente, quién manda en un Estado son las leyes y normas creadas por el Congreso y conservadas, las más importantes, en la Constitución.

Perder un gobierno y quedar ciegos sería uno de los peores problemas que le ocurran a una sociedad, mas es grato que en Colombia aún no se dé este caso y no se generalice, pues no toda la bancada del gobierno está perdida en la corrupción, no todos piensan en comer, dormir y afirmar con un aplauso enlazado de un bostezo.

Hubo quienes en aquellos tiempos, cuando más personas podían ver, resurgieron y no cerraron sus ojos; no importándoles la posibilidad de ser acallados por el estruendo de una bala, se enfrentaron a los insurgentes que estaban quitándole la paz al país; “es la ventaja de llevar con nosotros a alguien que nos aconseja” (1995:189).

Ahora qué tal imaginarse una sociedad colombiana sin mitos, sin costumbres, la cultura; pues deben existir para que no se pierda la identidad de la población, ya sea: “historias, fábulas, chistes (…)” como dice Saramago. El hecho es conservar un pueblo que se ha fundamentado bajo las historias de un hombre macondiano, las pinturas de hombres realistas y los íconos de presidentes que nunca estudiaron, ciclistas que triunfaron y una gran imaginación.

Además, existe la posibilidad de que por la intolerancia y la ignorancia el pueblo quede sin religión y esto sería una grave problemática social; pues qué sería de las personas sin aquello que levanta su conciencia y su espíritu; lo más seguro es que no reconozca la diferencia entre lo que es bueno y lo que es malo. No habría nada que le determine un comportamiento del individuo en sociedad. Tampoco tendría fe y no querría trascender. Por otro lado, grandes procesos sociales se han dado gracias a la existencia de grupos solidarios, generalmente creados por una religión. No se puede perder la religión en la sociedad, pues ésta genera cambios sociales gracias a su enorme influencia en los comportamientos del individuo con conciencia y como ser social. El problema más grave en el mundo es si se pierde la moral.

En definitiva, el país se encuentra enmarañado, embobado como un bebe con su chupeta; y es la educación que a la par de la esperanza de los colombianos, lo que le dará un giro total a esta situación de violencia, corrupción, intolerancia, ausencia de respeto por los derechos y deberes de las personas.

No se trata de convertir al estado en un país nacionalista y olvidarse de que existe un entorno mundial. El hecho es tener claro cuál es la cultura e identidad de los colombianos, crear proceso de Glocalización, que paralelamente al proceso de ingresar a la Aldea Global, se exalte el espíritu y la cultura colombiana, que el país pueda exportar su cultura y no las mímicas de otra, impuesta por un país potencia. Por otro lado se debe incentivar el conocimiento público de todos los elementos geopolíticos que tiene el territorio colombiano, pues por este desconocimiento (otro modo de ceguera), poco a poco se ha perdido territorio nacional, que contiene grandes riquezas y que son pocos los que se oponen a este tipo de jugarretas, como la que hará la NASA colocando uno de sus satélites en nuestro espacio en la Órbita Geoestacionaria.

Los colombianos deben tener en cuenta lo afortunados que son, las ventajas territoriales y geográficas que tienen y lo hermoso de su cultura para sí, no perder su identidad y evitar quedar en ceguera total.

Entonces, surge la pregunta ¿habrá quienes quieran y puedan recuperarla? Personas que no pierdan las esperanzas. Aquellas que tengan, como dice Saramago: “La responsabilidad de tener ojos cuando los otros lo han perdido”. (1995:198). En la sociedad colombiana se ve la necesidad de resurgir y de no perder la esperanza, la cual, se simboliza en aquellas personas que aún no han quedado ciegas. Una fracción de la población colombiana no quedará ciega y es ésta la que recuperará toda su cultura, su economía, su organización y su esencia.

A no ser, que los colombianos quieran perder la cultura de este país, los valores que lo diferencian de otras naciones y convertirse en una sociedad ciega por intolerancia. Esto no puede ser así. ¡Se acabó! Es hora de resurgir, de pensar en el nosotros no más personas en sí- mismadas. Es hora de actuar para defender los Derechos Fundamentales de las personas que componen esta nación.

Llegó el momento de resurgir y dejar el miedo atrás; pues enceguece a las personas; aunque en este momento hayan individuos que se encuentren ciegos, es necesario dejar atrás esta emoción porque definitivamente puede dejarlos ciegos.

Pero ¿qué se debe hacer para dejar de estar ciegos? Hay que iniciar con un cambio personal, dejar de criticar al vecino, convertirnos en personas tolerantes; pues la intolerancia lleva a la imposición de ideas y luego la pelea y por último la ceguera.

Las diferencias sólo nos hacen más ricos, más exóticos como habitantes de este país. El pertenecer a una religión, no debe ser una letra con la que se marca a un ganado; tampoco lo debe ser, la preferencia por un partido político, por un equipo de futbol o el gusto por uno u otro género. Las diferencias deben ser motivo de congregación para los civiles, el hecho es que todos crean en una fuerza superior que los guíe; lo más seguro es que esa fuerza no pretenda la división de la sociedad.

Basta ya de indiferencias, vivir con los ojos vendados sólo ocasiona caídas y choques, no se puede permitir al gobierno hacer todo lo que se le plazca.

¡No!, Colombia está dirigida por un gobierno democrático, el cual establece la permanente participación del pueblo; es hora pues, de inscribir la cédula, de saber las propuestas de sus candidatos, votar a consciencia y opinar.

Es el momento de pensar en una Colombia íntegra, un Estado donde se satisfacen las necesidades básicas, donde se impulsa la economía a un crecimiento positivo constante; donde se incentive la producción y las relaciones internacionales; aquellas que destaquen a Colombia como una nación con una cultura única, que se pueda decir a toda voz “Vive Colombia el país que llevas en el corazón” y que se pueda cantar con todo orgullo las letras de ese hermoso himno.

Y ahora las dos últimas preguntas para crear opinión ¿Será posible levantar a Colombia de este conflicto armado? ¿Quiénes estarán en ese resurgimiento?

Posible sí es, porque en Colombia aún hay esperanzas y quiénes estarán allí; primero, los comunicadores que no tragan entero y quieren mostrar lo bello de su país, esos que quieren abrir los ojos de aquellos que no ven. Esas personas dispuestas a guiar a los desesperados sin quedar ciego en el intento. Estaré yo ¿y tú, vas a estar?

Para resurgir, será necesario el conocimiento de la historia del país, para no tener que repetirla; conocer el funcionamiento de la política, comprendiendo esta: territorio, Estado, Nación y país. Saber cómo se mueve mejor la economía, como distribuir y explotar los recursos naturales. Conociendo las necesidades de la sociedad y comunicándose siempre con ésta de una manera asertiva. Y siempre estableciendo los valores y la cultura de nuestra nación, la religión, las costumbres, los mitos, ritos y comportamientos.

Todo esto se debe hacer con una mirada crítica y esperanzadora, pues, no se puede vivir más como fantasmas; es decir, teniendo la certeza de lo que se tiene, porque lo han expuesto, mas no poder disfrutar de esto, porque otros los explotan.

Además, debe existir una organización de este estilo: “primero la comida, después la organización, ambas son indispensables en la vida, elegir unas cuantas personas disciplinadas y disciplinadoras para dirigir esto, establecer reglas consensuadas de convivencia (…) lo fundamental es que no nos perdamos el respeto nosotros mismos, evitar conflictos con los militares que cumplen con su deber vigilándonos (…) lo importante es que nos oigamos unos a otros” (1995:89).

Para finalizar, no toda Colombia se ha perdido en la ceguera, sólo algunas personas han llegado a ese estado porque han vivido con base en los antivalores antes mencionados.

El hecho es que la única forma de recuperar a ese fragmento perdido es por medio de la esperanza y la fe al cambio; pues esta es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. Y si en definitiva, aquellos que lo único que quieren es fragmentar la sociedad, con su mente maquiavélica y ambiciosa, no puedan salir de esa ceguera; lo único que les queda es aprender sistema braille y caminar con lazarillo para no caer.

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