Anteriormente en las casas sólo había un televisor y todos los integrantes de la familia compartían del mismo programa y dialogaban a cerca de éste. Hoy por hoy se ha perdido el control, la posibilidad que se ha convertido en necesidad (con la existencia del capitalismo), de que cada integrante de la familia tenga su propia televisión, ha provocado una carencia de comunicación en esos hogares. Ya nadie se sienta en ese centro de diálogo que era la cocina, ahora cada uno está en su cuarto viendo su programa favorito a la vez que “se alimenta”.
En el pasado la televisión no tenía la fuerza que actualmente tiene, porque no era el único lugar donde se identificaban las masas. Anteriormente, se encontraba el poder de la radio y los medios impresos; que con sus productos incentivaban el proceso de imaginación de sus perceptores; cualidad que aún no consigue la televisión con tanto avance tecnológico.
Además, estos defectos de la televisión crean cierto recelo por parte de los intelectuales, en especial, con relación a tomar la incultura como su quintaescencia. Inevitablemente, esto levanta unas barreras entre los letrados y aquellos a quienes ellos consideran incultos o iletrados, por el hecho de que las masas se sientan reflejadas en lo que proyecta este medio. En este rechazo, que da lugar a una nueva forma de analfabetismo, se deben crear nuevas formas de educar a esos “analfabetos”.
Por esta razón, Martín-Barbero propone apagar la televisión, con el fin de acabar con ese problema de comunicación en las familias y volver a recuperar aquellos valores que distinguen a las sociedades colombianas. Volver al epicentro de la socialización de todo ser humano.
El español plantea radicalmente al libro como la única esperanza del hombre; por ser en él donde habitan la reflexión y la razón; mostrando a la vez su renuencia y apatía con la televisión, la cual sólo ofrece frivolidad, espectáculo y conformismo; acompañado de las manipulaciones del consumismo y la simulación política. Al igual que este escritor, la Comunicación Social propone utilizar el libro como medio de construcción de la primera alfabetización. Ésta es aquella que da las bases para una segunda alfabetización y consiste en el manejo y el uso de la lectura común en el análisis de los hipertextos, evitando así que Colombia experimente un atraso tecnológico o pierda su cultura literaria.
En definitiva, para él la mejor medida es apagar la televisión, permitiendo que exista una política reeducativa que tenga como fin: incentivar la imaginación y la innovación del hombre con la intervención del sector económico, social y político.
Esta historia no termina aquí, apenas comienza. La transformación de la realidad, que debe ser abanderada por profesionales de las ciencias sociales y de los comunicadores sociales en especial; es duro y más considerando que la historia de este territorio como nación inició, creció y se está reproduciendo, en el ámbito de las conquistas ejercidas por otros países, de imposición de culturas y de transculturaciones, de opresión y de esclavitud.
En esta serie de factores que afectan la comunicación surge el problema provocado por el mal manejo de las tecnologías en Colombia, el cual se refiere a la falta de creatividad e imaginación de toda la población; en especial de los jóvenes.
Pero, ¿por qué es tan importante la televisión en nuestra sociedad? Si como se sabe, su único objetivo es el rating y no la educación. Este medio es el único lugar que da cabida a las formas de vivir y sentir de la gente común, de las masas parcialmente incomunicadas por las barreras que levantan las élites letradas.
Al parecer en Colombia la convergencia entre los ejes de comunicación, cultura y educación no es fácil. La raíz del problema radica en la defensa por las ideologías particulares, es así, como la cultura y la educación no tienen cabida en el mismo horario televisivo; para la educación, la tecnología y la ciencia son para estudiar y no para poner en práctica; para la televisión lo único importante es el rating de su programación. Es por esas razones que el televidente no encontrará en los canales nacionales programas educativos en un horario adecuado y que tenga frecuencia horaria de emisión. Y si existen, lo más seguro es que por el poco patrocinio no tenga una buena producción y no sea agradable al televidente que exige sólo belleza y espectáculo.
Lo público se halla cada día más identificado con lo visual y las imágenes en televisión; las reuniones del Congreso dan cuenta del enfrentamiento de la política y el permanente uso de esta herramienta tecnológica. A través de este aparato audiovisual se da una imagen errónea del fin de la política en Colombia; es más, no es política lo que se ejerce en esta nación es politiquería.
Así, la comunicación será parte de la educación de una sociedad que se refleja en la Televisión como principal agente socializador.

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