En el dualismo entre los medios y la educación, se presenta la barrera que impone La Escuela, como institución, la cual sólo se ha evitado a los medios masivos como agentes socializadores y no se ha preocupado por crear un proyecto educativo con bases unidas con la cultura y la ciencia. Es en ese proyecto donde las escuelas deben fusionar el placer por la lectura con lo maravilloso de la innovación científica, comprendiendo entre ellos el hipertexto y la imagen.
La escuela toma parte como formadora de identidad y une las memorias con lo que impone la cultura moderna. Infortunadamente, la verdad se mutila para poder contarle a una población, la historia de una nación idealizada, donde se capa información que muestra el porqué de todo lo que sucede en Colombia y provoca un desorden social que, de la mano de estructuraciones lingüísticas, crean una exclusión de esa sociedad que no puede conocer su historia aunque quiera. Un ejemplo, los libros de historia cuyos párrafos manejan un lenguaje complicado, para esa población que por el mal manejo administrativo del Gobierno, no ha podido acceder a suplir la necesidad básica de Entendimiento.
A su vez, el libro pierde esa característica de ser un medio de comunicación que permita la posibilidad de socializar al lector, obteniendo en manos de letrados, el maquiavélico poder de fragmentar la sociedad; aunque en realidad, ese no sea su objetivo. Por esa razón, los jóvenes perciben al libro erróneamente y se da lugar a una nueva era de lo sensible, donde la televisión toma el lugar de primer agente pedagógico y socializador del Ser Humano.

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