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jueves, 29 de agosto de 2013

EL HOMBRE MARIPOSA Y SU DESEO DE MORIR


“Una cosa es cierta lo cual no quiere decir que la otra sea errónea”

El hombre en su existencia, pasa por un constante re-nacer; todos los días el hombre muere, cada vez que muere cae en un sueño profundo de olvido y de desnudez. 

Mientras duerme y sueña, muere pues aunque su cuerpo (morfo) este en este mundo, su mente pasea por otra realidad por un mundo paralelo. 

Sin embargo existen muertes que lo llevan a otros mundos de los cuales no puede volver. Por ejemplo, cuando el hombre se encuentra en  un vientre y en una sala de cirugías lo desgarran de su mundo; primero es el aliento, luego el llanto y luego reconocer el nuevo mundo. Allí el pequeño neonato adquiere nuevos conocimientos y aunque extrañado, él no recuerda su vida anterior; cuando él aprende a hablar no le pregunta a su madre sobre lo que pasó con todo lo que tenía en su pasado, pues al morir lo olvido todo.

Así mismo sucede cuando el hombre experimenta la muerte; cuando se muere no duele, hay inconsciencia del mundo pasado y cuando cae en ese nuevo mundo el aliento, el llanto y la realidad; empieza a nombrar. 

Nunca permanecemos, siempre estamos en fluidez como los ríos todo está  en constante cambio, la luna, el cielo, la tierra, todo; sin embargo “sólo las estrellas permanecen inmóviles” así como lo dice el texto El Muerto y El Filósofo. Y lo hacen para situarnos en un ahora. Pero el hombre sin comprender esto vive en afán sin serenidad, pensando siempre en el mañana y no disfruta el presente; desperdiciando tiempo y muriendo lentamente, en una muerte que si es dolorosa y angustiosa.

De igual modo el hombre tiene un anhelo por experimentar la muerte para contar “al mundo” que hay en el más allá; pero esto no tiene sentido, pues cuando se muere y se nace en esa otro vida, otra realidad, otro mundo, se pierde consciencia del pasado de aquel deseo; es por eso que como sin memoria de tiempo ni espacio se vuelve a vivir.

Finalmente la desnudez del hombre al nacer, lo hace ser como las mariposas; sin cargas de conocimiento y de pensamientos, malos o buenos. Ante el frío de la desnudez, la mariposa crea su refugio, lleno de tantos lujos que se vuelve pesado y se cae de su soporte, soporte que es el mundo que habitamos, en el que existimos.

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