“Una cosa es cierta lo cual no quiere decir que la otra
sea errónea”
El hombre en su
existencia, pasa por un constante re-nacer; todos los días el hombre muere,
cada vez que muere cae en un sueño profundo de olvido y de desnudez.
Mientras
duerme y sueña, muere pues aunque su cuerpo (morfo) este en este mundo, su
mente pasea por otra realidad por un mundo paralelo.
Sin embargo existen
muertes que lo llevan a otros mundos de los cuales no puede volver. Por
ejemplo, cuando el hombre se encuentra en
un vientre y en una sala de cirugías lo desgarran de su mundo; primero
es el aliento, luego el llanto y luego reconocer el nuevo mundo. Allí el
pequeño neonato adquiere nuevos conocimientos y aunque extrañado, él no
recuerda su vida anterior; cuando él aprende a hablar no le pregunta a su madre
sobre lo que pasó con todo lo que tenía en su pasado, pues al morir lo olvido
todo.
Así mismo sucede
cuando el hombre experimenta la muerte; cuando se muere no duele, hay
inconsciencia del mundo pasado y cuando cae en ese nuevo mundo el aliento, el
llanto y la realidad; empieza a nombrar.
Nunca permanecemos, siempre estamos
en fluidez como los ríos todo está en
constante cambio, la luna, el cielo, la tierra, todo; sin embargo “sólo las
estrellas permanecen inmóviles” así como lo dice el texto El Muerto y El Filósofo. Y lo hacen para situarnos en un ahora.
Pero el hombre sin comprender esto vive en afán sin serenidad, pensando siempre
en el mañana y no disfruta el presente; desperdiciando tiempo y muriendo
lentamente, en una muerte que si es dolorosa y angustiosa.
De igual modo el
hombre tiene un anhelo por experimentar la muerte para contar “al mundo” que
hay en el más allá; pero esto no tiene
sentido, pues cuando se muere y se nace en esa otro vida, otra realidad, otro
mundo, se pierde consciencia del pasado de aquel deseo; es por eso que como sin
memoria de tiempo ni espacio se vuelve a vivir.
Finalmente la
desnudez del hombre al nacer, lo hace ser como las mariposas; sin cargas de conocimiento
y de pensamientos, malos o buenos. Ante el frío de la desnudez, la mariposa
crea su refugio, lleno de tantos lujos que se vuelve pesado y se cae de su
soporte, soporte que es el mundo que habitamos, en el que existimos.

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