“El lenguaje es precisamente la dimensión en que se mueve
la vida
humana y que, por principio de cuentas, hace que el mundo
llegue a la existencia.
Sólo donde hay lenguaje hay `mundo´”
Víctor
Raúl Jaramillo.
El lenguaje es el
mar en que se sumerge la existencia del hombre habitante de un mundo que el
mismo creó, lo construyó con palabras que nominaban en un primer momento cada
objeto que encontraba, ese mismo hombre por medio de palabras les dio
significado y sentido y cuando las compartió en un consenso o simplemente en un
grupo social; cada particularidad le dio su significación. Todo gracias al
lenguaje. En definitiva, es tan complicado explicar dicha complicidad entre
lenguaje y mundo.
¿Qué es más primordial y quién incursionó primero en la realidad
del mundo o el lenguaje por el cual fue nombrado y dicho; descrito y
clasificado?
El mundo, al igual
que aquella representación geográfica que suscita al ser dicho (La Tierra),
tiene una composición fraccionaria que corresponde en tres cuartas partes al
océano del Lenguaje. El mundo sin esta fracción, simplemente no existe, no
tiene sentido. Ambos confluyen un
dialogo interno para posibilitarle al hombre, el mar de la palabra, la misma
que más expresa cuando es callada, cuando es silencio.
Es así como peces en una
coralina van sufriendo elementos esenciales, en la reciprocidad de esta
relación de idoneidad.

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