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jueves, 29 de agosto de 2013

La Personificación del Espíritu: Texto Interpretativo de Siddartha


Siddhartha, es un libro del escritor suizo Herman Hesse, quien narra un fragmento de la vida de Siddhartha Gautama (Buda). En el texto se expone una parte de la filosofía y de la vida social de la India, desde la experiencia del hijo de un Brahmán. Por otro lado, este libro es posiblemente el reflejo de la vida del autor, visto desde una experiencia espiritual y trascendente.

LA PERSONIFICACION DEL ESPÍRITU.

“Vasudeva escuchaba ese ser inmóvil era el propio río,
 El dios mismo, la eternidad”

Siddhartha, un ser humano que vivió muchas transformaciones en su vida buscando encontrarse en su propio YO, la unidad y la perfección; sólo lo logra después de escuchar la voz del río: “En ese instante sintió una voz llegar desde remotos lugares de su alma, del pasado de su agotada existencia”. En un primero momento no reconoce claramente la voz, reconoce un ruido, no comprende los códigos que este maneja, desentiende de su lenguaje; sin embargo al recordar sus deidades: ayunar, tener paciencia y pensar, y al dejar de lado todo aquello que solo satisfacía su cuerpo, reconoció la posibilidad de entender  el mensaje del río, la unidad del todo, de todas las voces que conformaban el torrente, la perfección: el OM, la voz del espíritu.

El autor del libro  realiza una serie de personificaciones, que permiten darle cualidades tangibles al espíritu; aquel que era trascendente; no temporal al contrario del cuerpo y de las cosas tangibles y que era transitorio. De igual modo, ese espíritu se planteaba como un elemento superficial, este obliga a la búsqueda de la profundidad, del yo interior. Además es un sujeto atemporal, sólo contempla a lo presente como la existencia y lo verdadero.

Esta personificación del espíritu como la corriente del río, permite de igual modo, en este fragmento del texto, reconocer el hecho de la reencarnación como el ciclo del agua: “el agua se convertía en vapor, subía al cielo, se transformaba en lluvia, se precipitaba desde el cielo, se convertía en fuente, en torrente, en río y de nuevo se deslizaba corriendo hacia su próximo fin”; para el Budismo, la reencarnación es un renacer del espíritu hasta conseguir y llegar a su meta, la perfección, la unidad, el YO; todos los elementos que componen el encauce de un río en términos de analogía son aquello que forjan el espíritu de esa persona en la búsqueda de esa meta (que es el YO), la perfección y la unidad y son factores que encauzan con torpeza o agilidad al espíritu a su fin.

Del mismo modo que va el torrente del río a desembocar al mar, va la persona ante la muerte del cuerpo y el trascender de su espíritu, a cumplir con un círculo de transformaciones.

En esta contemplación del espíritu, el hombre se juega en una dualidad de sentimientos y pensamientos, que lo enfrentan a la hora de tomar decisiones; se afronta ante el amor-el odio, la desesperación- la paciencia y es sólo en la práctica del silencio que el espíritu habla a la mente para que sea sabia en sus elecciones.

Mientras el río esta en quietud, escuchando las inquietudes de la mente y los conflictos que ésta plantea, se reflejan en su superficie todos los espejos que ayudan a la formación de un ser humano integral, en él se contiene todo lo que vivirá en su vida y las transformaciones que sufrirá.

Otra personificación que el autor hace es aquella que le da al espíritu cualidades de un pájaro: “había sentido esa desesperación, esa profunda repugnancia, pero no se dejó vencer; el pájaro, la fuente y la voz de su interior continuaban con vida”. Este pájaro le da la calificación de libertad y armonía al espíritu.

Por último, navegar ese río y volar con ese pájaro, no se consigue por medio del estudio de doctrinas, solo a través de la escucha de la voz del espíritu se llega a la práctica del amor, la armonía, la perfección del mundo y la unidad. Dejar hablar la voz del espíritu sin prejuicios ni pasiones.

Texto realizado en el primer período del año 2008

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